Un lugar acogedor sin duda alguna, con los muros adornados con algunos de los instrumentos que la nueva profesora de música poseía y que evidentemente sabía tocar, algunos libreros repletos de material didáctico y también literatura diversa, figuraban en aquel pequeño entorno en el que Reii pasaría mientras formara parte del colegio.
La salida de la anterior maestra de música era un misterio, lo importante es que ahora la rusa tenía el puesto y además una oportunidad de crecer, después de tanto viaje le parecía maravillosa la idea de poder establecerse por tiempo indefinido (ojalá fuera mucho) en aquél país de costumbres un tanto más liberales que la mayoría, cosa que no le desagradaba.
Tirada en la cama, ella y su mente divagaban sobre lo que le esperaría en ese lugar. Tenía que admitir que nunca en su vida se imaginó como docente y por ende no tenía la menor idea de cómo dar clases, pero confiaba en que su capacidad y talento musical, pues ciertamente ella era buena en lo que hacía, la música era lo suyo, era como su don con el cual nació, con el que viviría y con el cual se iba a morir, sería tonto no aprovecharlo.
El tiempo pasaba y su cabeza seguía sumergida en su plan de trabajo para las próximas semanas, meses y tal vez años.
Sin mucho resultado, optó por salir a conocer las instalaciones así que poniéndose en pie sale de su habitación sin rumbo fijo.
*Me encuentro en la habitación de Leena*