Cèline abandonaba en ese instante la instituición para volverse a su habitación. Viste como iba siendo común, colo que lleva la chaqueta en una mano, dado el calor que podría pasar con ella encima. Su camisa blanca contrastaba con los pantalones del traje beige.
También llevaba su maletín port-folios negro. No veía el momento de llegar a su cama.
Sin embargo, de repente escucha el lamento de un piano no muy lejos del pasillo que transita. El sonido le llama la atención por su delicada y a la vez deliciosa armonía. Se siente apacible. Cierra los ojos por un momento e intenta ponerse en la piel de la intérprete. Parece un grito ahogado en medio de un desierto.
Busca el origen, y solo en entonces alcanza la sala de música. Observa a la chica y se deleita con su porte, mientras toca con vigor aquella pieza perdida. Se deja apoyar por el marco de la puerta de entrada. Se cruza de brazos tras dejar la maleta en el suelo, y colocar su chaqueta sobre su hombro izquierdo, y cierra los ojos en silencio hasta que acabe la pieza.
Solo después, aplaude con modestia. -Bravo.-