Nada más enterarme de que habían aguas termales me dirigí a ese lugar con muchas ganas, siempre me habían gustados las aguas termales pero no las había podido disfrutar todo lo que hubiera querido. Llegué al lugar, no había nadie así que me metí lentamente en el agua, cerré los ojos y por mis labios se escapó un profundo suspiro al sentir el agua caliente sobre mi piel, me encantaba esa sensación, relajaba mis músculos y serenaba mi mente. Esperaba que viniera alguien más porque aunque hubiera ido a ese lugar para relajarme nunca venía mal tener compañía.