-Eso es muy bueno, -asiente ante sus propias palabras- no debes de dejar la escuela por nada... sino terminaras de cuidadora de un invernadero -ríe ante la mala broma contra si misma. Sabe que no tiene el empleo más especial del mundo, ni el mejor pagado, pero ella hace lo que puede, con lo que tiene y sabe.
Le sonrie, y entorna los ojos hacia las rosas. Las mira, curiosa como gato. Estira una de sus manos para poder acariciar los petalos de las rosas. Se sorprende su suavidad.
-Vaya... que envidia, se siente como terciopelo, ¿no crees, Fianna-nee-chan? -sisea, sin darse mucha cuenta de lo que dice.
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