La excitación era palpable en el rostro de la profesora, que se mordía el labio inferior seductoramente. Las orejitas tiesas de la chica y su rostro de inocente sorpresa le hicieron emitir un suspiro. Adoraba a esa chica. Vió com se quitaba las braguitas y memorizó su posición, no pensaba dejar que se quedaran olvidadas.
Entonces ella se subió a la mesa, colocándose sin rechistar en la posición indicada y dejando la entrepierna accesible para la mujer, al cual admiró tan bonito órgano. Relucía por el efecto de los fluídos que ya había expulsado y tenía un color rosado muy apetecible. Además, los pequeños mechones de pelo blanco que tenía lo hacían realmente provocador.
Sin resistirse, Misaki llevó su boca a ´le, almiéndolo con muchas ansias incluso introduciendo su lengua en él, lo más que le llegaba.